Y no estamos muertos

La universalidad que nos envuelve es mágica

Y en esa magia yo me sumerjo cuando no veo más luz. Porque no entiendo la realidad y tengo que huir de ella. Simplemente porque la sociedad es demasiado estúpida para comprenderse a si misma. Hoy morí, lo hago diariamente. Pues lo minutos que suceden tras la acumulación de segundos son inexorables, porque no se pueden cambiar, porque nos envuelven porque nos atraviesan. Pasan lento, amargo. Al final estamos solos, como cuando primero vinimos. Qué tiempo más raro en el universo.

El güero, el chino y la amiga salieron a pasear por un extraño mundo extraterrestre en el que las cosas parecían tener valor. Fueron a un tianguis que había en las tierras extranjeras que visitaban. El paraje daba a observar tan lejos, pues en cada individuo que caminaba a su alrededor había un eclipse. Entonces, vimos universos distintos y enteros de posibilidades en cada uno, en cada una. El güero compró, el chino se dio cuenta de todo lo que no necesita y prefirió no gastar más, no es necesario. La amiga quejóse de lo caro que es alimentarse en las tierras extranjeras, además, ella no gusta el sabor de lo que se le ofrece. Amargo, repito. Creo que no hay necesidad de alimentarse. Aunque algunos puedan pensar que no es sano, creo que lo sano es vaciarse de las porquerías con las que llenamos nuestros cuerpos extraños para los parajes que visitamos día con día. Si no, cómo podremos jamás aguantar el viaje de regreso a nuestro hogar.

Cuando emprendimos el mencionado exilio, voluntario dado el cansancio que sufren los de nuestra especie, dada la falta de voluntad por el sufrimiento -que nos alivia y que nos cura de lo que nos sobra. Me enfrenté con la realidad de la que huyo. No es necesario derramar una lágrima para llorar, el sentimiento ahí está.

¡Estamos bajo tierra pero no estamos muertos!” gritó una niña que inmediatamente reconocí como de mi especie. Le sonreí. Ella entendió que aunque en mi corazón hay demasiado amor, yo no podré jamás demostrarlo porque, a diferencia de ella, intento hablar el lenguaje de los que ya están muertos; peor aún, no logro comunicarme con ellos.

El güero permaneció en silencio absorto en sus propios sentimientos y pensamientos, que di por profundos e interesantes pero incomprensibles. Pensé que tal vez debería de visitar el planeta en donde no hay nadie más, al menos así tendría razón para sentirme sólo y único. Aquí no lo soy.

Entonces volví. ¿Sabes por qué? Pues para mi es evidente. Aunque no contestes, te ves bien. Es, no sé, tal vez el mango que probaste y que yo comí, en mi soledad, lo que me hizo comprender qué sabor fue, el que nos ofreció la vida inicial. Lo pretendo comprender, cual sentimiento empático, en el brillo de tus ojos, que es excepcional.

Es el sentimiento lo que a veces nos abruma, la forma de sentir, enseñada o intuitiva, la que me demostró que una sonrisa se escucha a lo lejos, no es necesario verla para comprender su valor, su fugacidad, su trascendencia.

Solo quiero llorar, otra vez, por lo que te pido que me comprendas. Que entiendas que no soy de este mundo y que aceptes mi perdón, pues lo siento. Además, capto tu amor, tu amistad, tu fortaleza, tu seguridad. Me hace sonrojar pero me deja ser, como si me dijeses “contemos otra vez” y yo empezase saltándome algún número. Tú no lo sabes, pero en mi mundo, en mi hogar, de donde yo vengo, así contamos.

Pero no tengo para qué decirte todo esto, porque ya lo sabes, me escuchaste hablar cuando te visité minutos atras.

2 comments:

V said...

Todo mi cariño para el hermano de otra galaxia.

Nos reencontraremos algun dia.

Ceci said...

¿Por qué será que aquéllo que desconocemos o nos resulta tan difícil comprender, nos atrae, hipnotiza y enamora tanto?

¿Será esa extraña característica inherente al ser humano llamada curiosidad?