Querides, el tiempo en esta semana se me ha ido volando en tres ciudades sagradas que a continuación relataré para su beneplácito (espero). En ellas he descubierto tres religiones en sus respectivos epicentros. Es decir, cada una de ellas representa la Meca misma de la ideología que parece preponderante en la región. De colada va una que es el desquite de la ruptura de esquemas y la conclusión: Aram se rasca la cabeza dudosamente en signo de no entender nada. O dicho de otra forma, pondera si tener nuevamente fe en la raza humana o no.
Amritsar. En el noreste, a pocos kilómetros de Paquistán. La disfrute y la sobreviví. Sin cuarta guerra entre ambos países. Sin armas nucleares que las partes tienen y que, irónicamente, dicen no necesitar por aquello del desarmamiento mundial. Ambos con la bendición de EEUU. Pero para todo lo que no respecta a las diferencias políticas entre musulmanes e hinduistas en la región, Amri (corto de cariño), es la capital de los Sij, una divertida religión creada en el 1500 por un señor que se dijo a si mismo: "no me terminan de convencer con sus castas (cosa bastante interesante por decir antes de que estuviese de moda ser todos iguales) y la neta es que Allah nos dejó muchas tareas". Entonces pues, se hizo a la idea de juntar ambas corrientes y echarles un poco de su cosecha en forma de contratar a un músico (su Sancho) y hacerle tocar su guitarra por horas y felices días en lo que él cantaba alegremente unas tonaditas que hoy se definen como "himnos" y que resuenan en la paredes del templo de oro de 3am a 10pm (sin parar!). El grupito de amigos que le siguió decidió que lo suyo era la guerra y que por ello pelearían a muerte por defender sus derechos de hacer su religión (eso ya no fue tan novedoso porque claramente era ya muy popular entre toda religión que yo conozca para este punto de la historia). Pero además, le agregó un par de cosas que a cualquiera le parecería medio innecesario pero que le identifican sin más: el cabello es sagrado y no se debe cortar, para representar sabiduría; hay que peinarlo diariamente con un ´peine sagrado´, para tener en que pasar las tardes y representar paciencia; hay que atarlo en un turbante bien ajustadito para denotar honor; ropa interior sueltona para la humildad, y un sable enganchado en el cinto para la bravura. Además, hay que dejar que todos coman como hermanos y recen como pares. De ahí es que el templo de oro se convierte en mi tercer punto favorito en la India después de todo. Ya no sean flojos y wikipedienlo o googlenlo para que no me tengan describiendo. El punto es que es el espacio más espiritual en el que he estado hasta el momento. Por la mañana hay que lavarse los pies antes de entrar al templo (a bañarse, pero eso me lo salté). Lo que sí hice fue sentarme por horas a ´cantar´ y después hipnotizado por los sermones de un viejito a quien no entendía, por horas más rezando. Todo para salir al parque en el que mas de 2,000 indios fueron masacrados por británicos en un festival Sij por demás pasivo hace un poco mas de 50 años antes de la independencia India. El escenario es el mismo en el que hace 11 años (1997), la reina del imperio misma vino a dejar ofrenda descalza y el Duquecito de Edimburgo causó problemáticas internacionales para el recién seleccionado Blair cuando dijo: "yo leí de buena fuente que no fueron 2,000, están exagerando!". ¿Les había yo mencionado que los Sij son adictos a la guerra?. Bueno, pues si no quedó claro después de los museos de balística bien museografiada que hay ("bala", "cañón", "otra bala"), pues siempre está recordar que Indira Gandhi fue asesinada por sus dos guardaespaldas Sij después que la doña mandó sacarlos a toditos del templo de oro hace 50 años, que porque no fuese a ser que como los musulmanes se quisieran andar con miramientos separatistas (ejem... Paquistán y Bangladesh).
La clase de historia sigue...
Segunda, Dharamsala. Llegué corriendo después de los sijs, pero todo se calmó con el frío de las montañas que corría a toda premura desde los Himalayas. El hotel, congratulado hasta el éxtasis por su servilleta, además de sobremanera barato tuvo la gracia de ofrecer una ventana que daba a la residencia del Dalai Lama. Dormí iluminado (por el Dalai porque la luz se fue a eso de las 8pm). A la mañana siguiente descubrí un pueblo lleno de sonrisas amistosas por doquier. Lejos quedaron las miradas penetrantes del resto de los connacionales. Rápidamente descubrí que había llegado a Asia continental con los rasgos de las caras (ojos), las sonrisas, el idioma (tibetano) y claro CNN Asia. Los monjes por doquier me recordaron lo sencillo de la vida. Para mí lo sencillo consistió en comprarse suéteres de cachemira y cobijas para aguantar las corrientes ventiscas. Luego pues, me vi con el suficiente calor de espíritu como para recorrer cerros enteros de templos budistas sonando campanas tibetanas a todo pulmón (fuerza de brazo) para esparcir mis plegarias por el Tibet. La museografía aquí era horrífica, no porque fuese mala (claramente aquí si llega dinero internacional para esparcir el conocimiento) pero porque la historia misma es detestable. Lloré un poco y habiéndome calmado, me dirigí al centro del gobierno en el exilio. Maravillosamente y con un excelso ejemplo arquitectónico de lo que yo he denominado "construcción de lego" (cuartito arriba de cuartito apoyado en esquinita, etc) apareció el parlamento, el congreso, ministro de educación con casa de cultura incluida, escuela pública, ministro de finanzas, etc, etc, etc. Pensando yo que había que descansar para seguir recorriendo oficinas burocráticas me senté en el templo de la escuela secundaria en donde me invitaron a jugar fútbol (otra muestra de que esto no es India, no hay cricquet!). En fin, habiendo retomado mis fuerzas, me dispuse para recomenzar cuando me encontré con la sorpresa de que ya se había acabado lo que ver. Que maravillosa burocracia que recorres todas las oficinas imaginables en apenas una hora! Descansé y de todo corazón vibré que algún día los tibetanos recuperen su autonomía e independencia sin que en el entretanto se pierdan sus tradiciones y rica cultura. Para mis adentros sé que no sucederá, por eso de que en negociación uno tiene poca (poquísima) ventaja, cuando no tienes nada que ofrecer. Y ese es el caso para los chinos... no les interesa en lo absoluto lo que "Tibet" tenga que aportar. Por eso el Dalai decidió retirarse de toda negociación con China hace un par de semanas y por eso China nunca reconocerá a Tibet como un estado-nación distinto.
Tercera, pero no última, Rishikesh. La capital del New Age y espacio en donde los Ashrams pululan. Además, claro, renombrado por ser el pueblito al que los Beatles llegaron a meditar hace varias décadas. Sin mucho ánimo de ver lo que juré sería una ciudad cualquiera llena de hippies yogistas buena oooonda- descubrí unos maravillosos puentes colgantes por sobre el Ganges. Aquí si me bañe sin preocupación alguna pues el agua incluso cristalina corría de forma fluida. Por la noche me aventuré a recorrer el pueblo y de pronto me vi envestido por un toro. Para recuperarme del cornazo (literalmente), me senté en un templo a ver una estatua de Krishna. Para mi sorpresa en minutos me vi rodeado del coro cantor de niños de Krishna, o lo que yo así llamaría para animar al turismo, y entre Oharams Krishnas en las escalinatas del Ganges limpio se prendió el fuego sagrado y se sentó el gurú a alzar sus plegarias para las varias deidades (sobre todo Krishna) y para la paz mundial (flower power!). Una vez más no pude evitar dejar salir un poco de sentimiento al entenderme envuelto en tanta pasión por pocas oraciones que ponen su granito de arena en el mejoramiento generalizado de la población mundial (ouurales y yo que no juntaba a los hippies yogistas buena ooonda!). Canté y bailé al compás y al protocolo. Padre gurú me bendijo con agüita del Ganges que puse en mi corazón y en mi cabeza (para refrescar mis ideas y pensamientos).
De salida para regresar a Delhi pasé por la nueva capital del Punjab. Una ciudad mandada a hacer al gusto después de la partición del 49 (en la que se crea Paquistán y se redibujan las fronteras de India al noroeste, creando el afamado problema de Cachemira). Nada más y nada menos Courvoisier vino a ser quien urbanísticamente planeó con lujo de detalle calles y avenidas de Chandigarh. Después que en un par de ocasiones me vi fascinado por saber en dónde estaba y a dónde iba gracias a los nombres en las calles y su numeración ordenada, me permití descubrir que además, el compa se permitió el lujo de planificar carriles para bicicletas y motocicletas, pasos para camiones de carga y autobuses, jardines y parques públicos. Señores y señoras, nuevo golpe al imperialismo pues llegó lo que jamás creí encontrar en la India seguido de desastres políticos, redibujes geográficos y tres religiones al parecer contrastantes entre sí: EL ORDEN.
Ahh mi lejos Brasil con su "orden y progreso"... Atrás quedó mi desesperanza Agra-ria y Delhi-rante... es decir, como Obama, sí se puede... Pero ¿y si? Uno no puede sino seguir preguntándose si sus buenos deseos lo lograrán (tanto con Obama como en la India). El subcontinente me sigue pareciendo impactante con su crecimiento económico incrementado de manera representativa, su clase media (la más grande del mundo y la que más rápidamente va creciendo) y sus pobres (40% del total mundial) que subsisten con menos de 2USD diarios. Sigo viendo su sur educado y traspatio oficinista (ese sí es un traspatio interesante, no como México) que lleva a cabo el "trabajo sucio" de mantener cuentas y hacer papeleo administrativo del resto del mundo anglosajón, con sus cientos de miles de egresados técnicos y su boom en las artes del desarrollo de tecnología de punta. Veo su Rajastán más turístico del país pero con la pobreza extrema más concentrada de igual forma. Veo su Punjab con su nueva capital limpia y ordenada. Su Cachemira que no es de nadie. Su nuevo Tibet en el exilio tranquilo de haber encontrado un nuevo hogar y poder ver CNN Asia del otro lado del Himalaya. Su desastre Mumbayesco con ataques terroristas antisemitas y clasistas. Su Varanasi puerco y castista. Sus votaciones andantes por doquier. Su sexismo y discriminación sin fe. Y todo esto lo veo ahora además de los comprensivos ojos de un musulmán que respeta su Corán y lo reinterpreta a su manera; a través del palpar Sij de la sabiduría recorriendo el largo pelaje; a través del Hindustán más preocupado en su pensar por su ferviente convicción que por el protocolo que Shiva o Krishna puedan merecer; a través del elasticismo corporal del gurú que se sienta por horas a buscar una iluminación y el bien de la sociedad; de los janistas sin piedad regados uno en cada ciudad y muchos más en la vecina Sri Lanka; sus cristianos en iglesias sin chiste pero con esperanza de que Jesús murió en la cruz por el bien de la humanidad; de los pocos ateos perdidos y sus agnósticos encontrados.
Así es justamente la simplista conclusión de su relator de viaje: entender a la religión como UN factor más en el complicado rompecabezas que la India representa en cada una de sus facetas. Pero con la mente fija en un cambio prolongado, inclusivo y definitivo. La India, un país para dar rienda suelta a nuestros peores demonios y tirarnos a la desesperación e imposibilidad de resolución humana del conflicto o perseguir ambiciones tan grandes como la imaginación de la especie lo permitan.
M. AB.
Tres ciudades sagradas y la conclusión perdida
Cancionero desde la India y tres veces rompí esquemas
Far as human eye can see,
Saw the Vision of the world,
And all the wonder that would be."
-India, Alfred Tennyson
Déjame que te cuente limeño (déjame que te diga la gloria, del ensueño que evoca la memoria)... Una vez abandonando Mysore, un pueblucho que posee el palacio más maravilloso que haya jamás visto (no tan turístico y más impresionante que el Taj Mahal mismo- para mi humilde opinión), cruzamos verdes prados de arroz local, palmeras de coco y bananas. Aquí las mujeres usan jazmines en el pelo (y rosas en la cara, airosa caminaba, la flor de la canela, derramaba lisura y a su paso dejaba, aromas de mistura que en el pecho llevaba), el sari sigue siendo el mismo y los hombres continúan con el tradicional calzón de manta o su local versión en falda de algodón.
Entramos al parque nacional de Muludamai y a los pocos kilómetros nos topamos con unos elefantes bañándose en el río. Esta parte del país, como os decía, posee toda el agua (ríos y lagos) que en estado cuasi-puro recorre los parajes y riega los plantíos. Soofi, el chófer musulmán, no me cree que en México haya campos de maíz.
Avanzamos kilómetros más y nos adentramos en un hermoso bosque de eucaliptos. Entre macacos apareció un pobre venadito que habita la serranía (y como no es tan mansito, no baja al agua de día o de noche). Salimos del parque (y reserva de 48 tigres) y subimos la cuesta. Ahí, subiendo lo montaña una vaca me encontré (y como no tenía nombre, Lorena la llamé) que pastaba alegremente entre terrazas de plantíos de té (verso sin esfuerzo).
Bienvenidos a su cafetal favorito de Costa Rica/Colombia o si bien prefieren, su carretera a Veracruz con curvas y neblina incluidas. Los arbustos aparecieron entre los árboles y en un abrir y cerrar de ojos había extensas plantaciones de té negro, té verde, té de jazmines (te'de querer, te'de adorar)... Y víme a medio "desierto de los tigres" (osea, no era desierto y los tigres se quedaron en el bosque de más abajo), Angahuan michoacano o Río Frío poblano con presas, pinos, eucaliptos y una bella selva caducifolia.
El pueblo al que llegamos varias horas después, Ooty, nos recibió con una llovizna tranquila y caballos en las llanuras. Bellos campos de flores silvestres nos rodearon y claro a Soofi, como buen Indio, no se le quita la manía de pitar en cada curva. Así fue que en nuestra clase móvil de idiomas (hobby de coche para no dormirse) le enseñé "buenos días", "hola" y "SILENCIO"! (que están durmiendo los nardos y las azucenas, no quiero que sepan mis penas, porque si me ven llorando morirán -osea no sólo le canté la canción hasta el hartazgo sino que se la aprendió!). Aquí mi primer encuentro con la enfermedad en India: dada la altura alcanzada, sucedieron mareos, dolor de cabeza y náuseas... los nardos frescos y yo muriendo! Como el hotel ofrecía varias versiones de masajes aryuvédicos, con los mareos decidí tomarlos todos (de cabeza, cuerpo entero, cuello, pies, etc) y darle un fuerte golpe al imperialismo. El sorprendido fui yo y no el imperio con el gran total de 1,000 rupias (200 pesos) varias horas y kilos menos de estrés después.
El espacio montañoso de este país es tan maravilloso que no puedo describir mi urgencia por protegerlo mejor que ya lo hizo JC Goldsburg hace casi un siglo: "None who has visited this heaven, can deny that it is one of the worlds most beatiful places. Please let it remain so. In this modern world, where, in the name of progress and optimum land use, the greed of man seeks to despoil all natural heritages. Cannot the tide of destruction be diverted to flow round and leave unwasted still this small island of peace and tranquility?" Entonces me enfermé de gripa. Nada que un antibiótico no pueda quitar. ¡Ojalá el paraje pudiese decir lo mismo de la contaminación!
Curado de males y a un par de días de cumplir un mes en la India, no me dejo de sorprender por sus banderas comunistas en la entrada de cada pueblo, a pesar de que las fábricas de té no sean sino excelsas muestras de explotación laboral y el paraíso de la burguesía inversora de capital de la que Marx tanto se quejó hace más de un siglo. La foto se completa con la imagen en carteles del Che, que naturalmente nadie más que los turistas perdidos saben quién es, y la Madre Teresa de Calcuta, todos en el mismo poste colgados uno al lado del otro.
Llegamos entonces al ensueño que evoca la memoria, del viejo cerro (plantado de té y para exportación mundial), el puente (que cruza uno cada 10 metros en la "Venecia del Este" - Allapey) y la alameda (que subimos y bajamos como cabras desbocadas) y naturalmente, mi cabeza no me lo perdona.
En estas últimas semanas he pasado de todo. Los buenos y los malos ratos como en todo viaje. Aquí se resumen en sucios momentos en Delhi-rante calor infernal y Agra de Aladino, maravillosos palacios románticos en Rajastán (hoteles de pocas estrellas por raro que parezca), el palacio ideal de Mysore y las montañas de té en Kerala. De los malos tratos hasta los mejores 'deals' que uno pueda pensar reales. De hacerse experto en matar moscas y mosquitos, ver tigres en la lejanía o lavar calcetines en la tina del baño (¡y perfeccionar el arte de secarlos!) y, naturalmente, de las miradas penetrantes a las miradas más penetrantes y las blancas sonrisas picaras de oreja a oreja.
Lentamente he ido aprendiendo los modos (usos y costumbres) y los tratos de estos Indios tan similares a nosotros los mexicanos que hasta Colón nos confundió y al mismo tiempo, tan distantes que me son extraños. Como México, tan rico y tan pobre al unísono. La diferencia esencial es como siempre la educación y me quedó claro viendo sus 300mil (si, mil) egresados de ingeniarías anualmente (para comparación, ¡USA tiene 70mil y de México ni hablar!).
Mis esquemas se volvieron a caer dos veces más ya.
La primera, llegando al puerto de Kochi (uno de los más antiguos de Asia). Ello pues mi hotel tuvo la fortuna de estar en el MG Road, versión nacional del 'main street' gringo o el 'corso' italiano (todo buen pueblo tiene uno e inimaginablemente, es abreviación de Mahatma Gandhi). Con ello vinieron miles de comercios (con los que di golpe al imperialismo una vez más) y… ¡un complejo de cines apenas cruzando la calle! Así fue como terminé sentado en un palco de lujo viendo Dostana, el hit comercial más grande de Bollywood y lo que hoy esta ¡in! ¡Baiji! En un país en el que la homosexualidad es ilegal me vi rodeado de adolescentes que gritando a todo pulmón sin pena ni gloria ovacionaban cada torso desnudo de los musculosos 'hunks' Indios y los bikinis de las guapas actrices. Lo mismo el musulmán que el Indostán, que el cristiano, que el judío (aquí la sinagoga más antigua de Asia), cachondeando impunemente a diestra y siniestra; eso sí, ¡sin dejar que las clases/castas se mezclarán! Y no, no era un cine gay- simplemente es una ideología popular y generalizada que como muchas veces en el país, por harto trasciende la ley, la realidad y las ortodoxas costumbres que los rodean. En cada indio, por consecuencia, se mezclan la edad media y el siglo XXII.
La segunda fue a la mañana siguiente, cuando apenas me hacia nuevas ideas de procesamiento para el shock cultural antes descrito cuando sonó mi móvil y me despertó por la madrugada al ritmo de: "¿En qué ciudad estás?"- Aram se rasca la cabeza, se incorpora un poco, ve el reloj, repite lentamente la pregunta en voz alta al interlocutor y dice "¿cómo se llamaba esta ciudad?.... Ejem.... Kochi, Kochi, estoy en Kochi!.... ¿Por?", "¿no estás en Bombay? ¿Estás bien?", "Sí estoy bien, a Bombay no pienso ir porque ya no tengo dinero... ¿Por?", "Hubo unos ataques y..." se corta la llamada. Rápidamente me levanto y me dirijo a la puerta del cuarto del hotel en donde tomo el periódico matutino. "Ataque terrorista en Mumbai" lee la primera plana con una imagen del Taj en llamas. Vuelvo a leer atónito. Suena el móvil otra vez al tono de jazz Take Five de Dave Brubeck Quartet. Contesto en lo que enciendo CNN. La nota periodística ya la conocen, inútil entrar en detalles. Me baño en minutos y subo al restaurante aún un poco incrédulo. No hay turistas, solo viajeros nacionales. La mirada es la misma, la sonrisa no está. Como rápidamente y me aventuro a un café internet para enterarme comme il faut (hasta entonces, como buen ciudadano globalizado, mi información venía de México y EEUU, Reuters y Notimex), las calles están vacías aunque hay más de mil kilómetros entre mí y los hechos desastrosos. Salgo rumbo al aeropuerto para tomar mi vuelo a Delhi. Naturalmente, los aeropuertos son fatídicos con vuelos cancelados y retrasados por doquier. El lado positivo, hay muchos turistas resignados y hacer amigos es más fácil que de costumbre y los buenos tips de Rich me han dejado ya con las ventajas de internet gratuito en ciertos aeropuertos y comida gratis. Hice valer la espera.
Mi tercera llegada a Delhi fue, como la primera vez, desastrosa. Entre peleas y taxistas que te quieren ver la cara, llegué a un fabuloso hotel donde tomé cobijo del mundo. Dormí hasta el cansancio. Mi siguiente par de días en Delhi ha sido maravilloso. Me he visto en una ciudad fuera de su cotidiano dados los cambios políticos recientes y las elecciones que se desarrollan en estos momentos y disfruto su solidaridad, sus grandes restaurantes con la compañía de los amigos que he hecho y los que prometí encontrar acá. Hoy comí con Ari y su esposa Udita. Pronto salgo para el norte y el oeste que tanto me han recomendado algunos de ustedes. A mi regreso a Delhi, antes de salir del país, iré a ver una obra de teatro que su amigo Dave quiere producir y exportar a la que claro fui invitado a dar mi VoBo... por si no les quedó claro que "Richard es mi hermano!" (con acento gringo). Yo se los saludo, no se apuren :P
Hasta pronto amigos y compatriotas,
pues ya con esta me despido,
pero pronto doy la vuelta,
nomás que me libre Krishna,
de tener otra mosca muerta!
Los compañeros de viaje perdidos
Tengo alguna clase de "suerte" con las cucarachas. Yo creo que en alguna vida pasada fui una yo mismo. Claro considero que mi obsesión con el orden y la limpieza se relacionan con ello. Y con el largo trecho que he andado desde entonces, naturalmente. Todo esto para decir que a las cucarachas les atraigo. Casi nunca me agarran desprevenido porque les tengo buen ojo y las miro apenas alzan una antenita. Anoche descubrí, por ejemplo, una en el vagón del tren en el que dormiría, apenas cuando nos subimos. Salió corriendo para el otro lado. Era un verdadero vagabundo-cucaracha. Se perdió en la obscuridad del pasillo del tren.
Hoy en la mañana descubrí una linda familia nuclear en mi mochila (papá, mamá e hijo-cucaracha). Nunca he sabido en realidad como se reproducen las cucarachas, será por huevos. Es también uno de los pocos programas de Animal Planet que nunca he visto siquiera anunciado: "El secreto mundo de las cucarachas de tren", se llamaría el programa.
En el vagón por la mañana corrí a papá-cucaracha con la tapa de mi pluma y salió disparado. A mamá-cucaracha la aventé con el rollo de papel de baño que venía en mi mochila (mi último rollo) y contra el suelo fue a dar, donde mi mamá, irónicamente, la pisó. Al hijo-cucaracha lo encontré paseando por mi desayuno (un paquete de galletas afortunadamente cerradas herméticamente). Lo tiré abajo del sillón en donde seguramente se encontraría con papá-cucaracha y lloraría la muerte de mamá-cucaracha. Y el vagabundo-cucaracha de ayer en la noche se acercaría por misericordia o un poco de pena tal vez. Me senté escéptico de que aparecieran por ahí, de que estuvieran con ánimo de verme después de que pasamos una noche descansando tan afablemente.
Como decía, por eso de que en algún momento compartimos genes en el pasado, pues les atraigo, las huelo y miro ipso facto y me veo imposibilitado a matarlas. Siempre que estoy por hacerlo, pienso en el Kharma que estoy por ganarme. Sin duda recuerdo al escarabajo de Kafka y pienso en sus frustraciones de incomprensión, su naturaleza de desecho y suciedad, su tristeza y pesimismo por la vida, por saberse indeseable y detestable. Por traer el mal a sus queridos y familiares, pues. Las tengo que dejar entonces esconderse en alguna esquina obscura desde donde se que me están observando agradecidas por concederles más horas, días con suerte, de vida.
Yo sabía que les encantaría ver la poética hermosura que la ventana del tren ofrece. Era ello de mi conocimiento no por las razones previas, sino porque viene natural. Porque es evidente que todo ser vivo, sin excepción alguna, debe sentir un palpitar especial al asomarse por la ventana de un tren en movimiento.
Por eso las esperé pacientemente con mi trampa. Un vasito de cartón, ex-contenedor de un delicioso tchai de 5 rupias para despertar. Subió la primera. Le reconocí inmediatamente pues era el vagabundo de anoche. Le atrape con el vasito y lo avente al suelo del pasillo. Ahí esperé que muriera por arte de magia pues no tuve el valor de pisarle con mis converse sucios y mal olientes. Aquí la ironía y no la curiosidad hubiese matado al gato. Se fue al cuarto del vecino de enfrente, quien estaba desayunando. Supongo que lo acompañó y siguió con su existencia de vagar. Un estilo de vida mal comprendido.
Minutos después salió papá-cucaracha por el mismo camino diseñado por el vagabundo explorador. Le atrapé una vez más con el vasito y le aventé al pasillo. También una vez más le dejé correr libremente. Se metió con el niño de dos camas más abajo.
Finalmente salió hijo cucaracha. Repetí el procedimiento estratégicamente implementado en los dos casos anteriores. En el pasillo su error fue no correr con el vecino, como habían hecho sus antecesores, sino haberse degustado de mi compañía y aprovechar mi corazón falto de valor para con este bicho en particular. Corrió en mi dirección a lo que tuve que contestar con una gentil pisada. Me mordí el labio inferior con los dientes y volteé a ver por la ventana del tren. Cuando volví la mirada hacia el cadáver, el lugar de los hechos no era el mismo. Hijo-cucaracha había cambiado de lugar por apenas unos centímetros. Mi perfeccionismo me permitió notarlo fácilmente. Me le quedé viendo fijamente hasta que le vi moverse lentamente y correr hacia con el vecino.
A pesar de toda la culpa moral que me había causado, se levantaba de entre los muertos. Le observe detenidamente. Me miró alzando sus antenitas. Cambió su decisión y volvió a correr hacia mí. Pensó que me daría una segunda oportunidad y confiaría en mí. Le tuve que fallar con toda la presión social que se ejerció sobre mis hombros, con la mirada del vecino que observaba mi actuar. Le pisé nuevamente. Se siguió moviendo. La determinación no fue la suficiente.
En el pasillo apareció el vende tchai/café que gritaba para coadyuvar su venta matutina. También resultaba en confusión para los actores en escena. La presión por tomar una decisión me hizo actuar impulsiva y eficazmente. Con el talón pisé de manera definitiva, fulminante.
De companeros de viaje e India en un universo paralelo (o de las vacas flacas a las vacas gordas)
El tren de Jhansi a Varanasi fue ETERNO. Ponganle ustedes que la mejor clase del tren de más de 14 horas resultó ser una versión mucho más económica y sucia que el pullman de sus pesadillas. No pasa nada. Lo gocé enteramente en sueños con mi mantita y desayuno incluido. Con los ronquidos del de alado y el ventilador a todo lo que da. Conocí además dos compañeros de viaje por un par de días: Un par de viejos homosexuales que radican en Bruselas, casados por más de 10 años y con dos hijas que lamentablemente no los acompañaban. Él con todo el perfil alemán y un acento muy marcado en su inglés. Él de padres indios nacido en Uganda y expulsado después de la dictadura hacia Bélgica. Ambos en segundo viaje a la tierra de uno de los él. Desconcertados como todo turista que abre los ojos en este país.
Caminamos por las sucísimas calles de Varanasi y nos subimos a un bote en mero festival. La cantidad de gente es maravillosamente fascinante. La cantidad de basura (triplicando la peor de sus memorias del riachuelo contaminado mexicano) es abusiva. El dejar caer la quijada por la impresión de ver a niños, niñas, hombres y mujeres, ancianos y perros bañarse a lado de la vaca muerta flotando hace un par de días, los pañales a la deriva y la grasita que flota en la superficie como en el mejor caldo de sierra Nayarita que hayan ustedes probado, simplemente no tiene comparación. Varanasi, a su manera, me cautivó. Me dejó aprender mucho sobro el hinduismo y su manera. Sus lecturas profundas en la mirada. La flor que ustedes creían harto mexicana es en realidad universal (zempaxuchitl) y aqué es conocida como ghenda.
El gran aprendizaje de Varanasi hacia mi persona (o la moraleja pues): Uno puede triunfar en la negociación con una buena estrategia y un firme posicionamiento de lo que uno quiere y lo que no (o que tanto lo quiere uno). Después de que me vieron hartas veces la cara en Rajastán y compañia, en Varanasi logré las compras deseadas. Saris de seda, mascadas y pashminas a precios irrisorios. La mejor compra fue mi negociación de un sari de seda (que futuramente se convertirá en cortina mexicana) de 30 mil rupias a 5 mil ! - La mejor compra, mi pañuelo preferido que uso al mejor estilo local de escasas 100 rupias. Para las propinas me volví excelso y cuando primero me veían feo por dejar 20 rupias, en Varanasi logré las mejores sonrisas por dar 1 kilo de arroz preparado de forma local. Todo lecciones para el futuro...
El segundo conocido fue un pequeño de 16 que juro que parecía de 25 y con quien apenas me comuniqué un par de palabras en mi mejor hindi. Después la relación terminó por nuestra falta de comprensión verbal. Él tomó el tren que seguía, yo esperé el mio retrasado tres horas más.
En mi paciente espera conocí a un joven de 26 años, ingeniero de Delhi que está trabajando para el Ministro de Ferrocarriles de la India. Me explicó, para mi asombro, que la estación que yo comparaba con una versión pequeña de Observatorio con el ad valorem de las cuatro vacas que recorrían incansablemente los pasillos, era en realidad una de las estaciones de la vía más larga de todo Asia. Me dijo que él estaba encargado de la remodelación de la vía por lo cual estaba de viaje por dos años más mejorando el servicio. Después quería ir de regreso con su recién esposa a Delhi y viajar a Bhopal. Discutimos de las posibilidades de empleo en la India por largas horas.
Apenas 14 horas después, a mi despertar del tren que me regresó a Delhi conocí a mis cuatro compañeros de viaje por esas placenteras horas. El recuento vendrá después ya que lo redacté con mucho cariño en mi libreta de campo que el día de hoy decidí dejar lejos de mi persona.
Saliendo del tren, afuera del vagón estaba mi persona favorita en el país y por quien, a mi pesar, dejé salir una lágrima en la comisura del ojo cuando le vi. Ramesh, nuestro chofer pasado (y pesado), había regresado para recogernos del tren y llevarnos a recoger unos boletos de avión que habíamos comprado semanas antes y que no habíamos tenido en nuestro haber por imposibilidades técnicas. Le agradecí que viniese por nosotros. El trayecto hasta los boletos fue maravilloso. Nunca vi el sol brillar tanto en la India como en Delhi esa mañana. Supongo que el gris de los cielos que Ricardo describe como el Armagedon mismo de la Tierra al caer un cohete y estrellarse contra el suelo con toda fuerza de gravedad había nublado mi visión en Agra, Varanasi y el resto del polvoriento Rajastán quasi-desértico. Delhi brillaba esa mañana con todo su optimismo de posibilidades futuras.
"Aquí su boleto de avión, sir", "Gracias", "Ejem... a qué hora sale", "Pues en 50 minutos" o_O
"Y cuánto tiempo antes hay que estar en el aeropuerto para vuelos nacionales?", "una hora al menos", "fantástico!"... Corrimos y corrimos por la Delhi-rante ciudad. El brillo inicial se volvió en calor abrazador que quemaba todo optimismo. De alguna manera lo logramos. No sólo llegamos con escasa media hora antes de que partiera el vuelo, sino que con mi mejor diplomacia y mis recién adquiridas técnicas de negociación, pasamos 4 retenes de policía (de esos que te hacen sacarte hasta el cinturón) y atravesamos detectores interminables, filas de incansables argumentadores Aristotélicos y cruzamos con todos los artículos prohibidos que ustedes puedan adivinar. En EEUU simplemente me hubiesen tirado la maleta a la basura o tachádome de terrorista de por vida.
En el avión conocí a un nuevo compañero de viaje: Matthias. Un joven corredor de bolsa alemán, egresado hace un par de años y que radica en Munich pero que viaja el mundo de forma incansable. Por equivocación y dada mi exitosa negociación con la guapa azafata (la sonrisa abre puertas) para lograr usar el baño en media turbulencia, terminé lejos de mi lugar y sentado a un lado de Matthias. Él me explicó que en el sur del país vive la clase media alta y alta del país. Que el 25% de los vuelos nacionales eran personas que volaban por primera vez en sus vidas, ergo las estrictas políticas del cinturón, y que ello evidenciaba, naturalmente, la explosión económica y el crecimiento del PIB en la ultima década.
Nuestra conversación verso en torno a la política comparada en temas referentes a la economía, el turismo, la agricultura, la religión, la seguridad, los taxis y la comida entre México, Alemania y el resto de la UE, India y la Habana. Mi nuevo amigo es tan viajado como su servilleta y prometimos planear una excursión a los Emiratos Arabes en años venideros. Regresé, después de un par de horas a mi lugar.
Bajando del avión resultó aún más desconcertador que el primer aterrizaje que tuve en este país. Entré, definitivamente, en un universo paralelo. El calor estaba muy bien contenido por las fuerzas de los conductos de aire acondicionado. Un aeropuerto con apenas 3 meses nos recibía con letreros electrónicos, bandas, pisos de mármol y todo tipo de relucir que México bien quisiera y que yo había olvidado hace un par de semanas. Saliendo, nos dirigimos a Bangalore entre verdes prados y cielos azules que pensé nunca volver a ver. El nuevo compañero de viaje es un chofer musulmán que se llama Soofi y que tiene 25 años. No es casado y habla un inglés bastante distante al de Bookingham.
Entramos en la ciudad con un asombro que no me dejaba cerrar la boca y pellizcarme cada dos cuadras! Nadie toca el claxon, los carriles son respetados, hay nombres para las calles y hay banquetas (o lo que es mejor, la gente camina en ellas!). Hay semáforos (y se usan) hay policías en cada esquina y hay direcciones de tránsito. Lentamente y quizás para el bien de la esperanza mundial (aun no decido) descubrí que esta también es India. Bangalore siendo la capital nacional de la producción tecnológica y la Meca mundial del software ha dejado inversiones a la ciudad que uno no soñaría ni en los puercos reflejos del Ganges!
Dormimos.
A la mañana siguiente descubrí una ciudad con museos, iglesias cristianas por doquier, el templo Sij más grande del país, un palacio de gobierno bastante parecido al de la Reina... pies y cabeza para la ciudad. Por primera vez en semanas tomé un mapa y lo pude seguir. La universidad de varios kilómetros cuadrados posee parques verdes, prados, un hotel, un supermercado, templos y bibliotecas impresionantes y la gente se transporta en carritos de golf. Los rickshaws (tropicalización automotizada de los bicitaxis acapulquenos) tienen taxímetro, hay metrobuses (como los de AMLO) y para mi sorpresa, el peor inglés probó ser el de Soofi. Sin embargo, la comunicación no deja de ser complicada entre 9 lenguas distintas en el Estado, tres alfabetos y 5 religiones predominantes. Mi Kurta me denotaba viajero del norte, como Oaxaqueño llegado a Monterrey, identificable desde el espacio como muralla China. Me la quité y vestí mis antiguas playeras de origen gringo (o chino) y que son aquí también la última moda.
Mis esquemas recién construidos para comprender y asimilar la pobreza extrema y pauperrísmo que había venido viendo se vinieron a pedazos en instantes cuando al caminar aventureramente por mi primera banqueta hace días, me topé con un Louis Vuitton seguido de un Mont Blanc y todo lo que las empresas significan. Decidí entrar en el pasadizo que había entre ambas puertas y un pasillo no muy prometedor me llevó directito a Masaryk y más allá. Tiendas de primer mundo se dejaban ver una tras otra con pisos de mármol, pinturas de fresco en las paredes, guardas de seguridad por doquier y una clase socioeconómica que nunca me imaginé encontrar.
Decidí darme un pequeño respiro y me senté en un pequeño patio de un restaurante italiano. Suspiré. De pronto noté que había Jazz en el fondo. Volví a respirar y me dejé acomodar en la silla de ratán. Abrí los ojos y queriendo ver el firmamento descubríme rodeado de rascacielos iluminados. Comí una pizza y me dí una vuelta por las tiendas de lujo, le dí un sorbo a mi mocktail de menta. Señores y señoras, esto es un GOLPE DURO AL IMPERIALISMO que dimos esa velada gastando miles de rupias en tiendas fantásticas de precios magníficos y con cosas maravillosas! Con decirles que los precios eran tan exitantes que a nada estuve de comprarme una nueva lap-top de último modelo.
Sigo intentando descifrar los contrastes que el segundo estado más desarrollado del país me ofrece. Hay vacas gordas y con correa de paseo por las calles. Las vacas flacas quedaron atrás. Cruces cristianas se encuentran entre los St Joseph's Girls Schools, los Queen Victoria Hospitals y los majestuosos 'roads' que se abren paso entre interminables e iluminadas arboledas. Las ciudades con mayor desarrollo tecnológico y explosión económica sólo superada por la de China (6% / 10%) son contrastadas con el alfabetismo nacional (menos de 75% en hombres y menos de 50% en mujeres), la discriminación de género y casta, y los escasos servicios de salud.
El capitalismo en toda su extension con McDonalds en cada esquina y Subway en la contraesquina, tiendas de lujo incluso para las clases altas de México, restaurantes y cafés en las avenidas, dan un golpe bajo al imperialismo y a la identidad india. Cualquier gringo o europeo se ve sorprendido en los súper malls. Kipling o Catherine Mayo no darían crédito, pues sus descripciones del cono invertido como algo distante de Europa muy atrás han quedado. El norte desarrollado hoy quedo en el sur, como natural viene a un cono invertido. Bollywood y los hubs financieros defienden a India y lejos la sitúan del atabismo que pretenden los occidentales. La separación por civilización que pretende Huntingthon se ve desdeñada y amenazada por los avances en tecnología, medicina, astronomía, lógica y matemática que encontramos en una multipluralidad de religiones que conviven pacíficamente. A su vez, cualquier interesado social se ve maravillado por los trabajos de base de ONGs que se abren paso con políticas sociales y urbanistas en las ciudades.
El mercado global ha dado una oportunidad para esta parte del subcontinente para generar ganancias de manera competitiva. Falta ver si India seguirá los pasos de China con sus políticas culturales, de inversión en la educación de las masas (aquí si se toman con té) y los sistemas de salud públicos. En el entretanto, me dejo llevar por mi nuevo maestro de Tamil y descifro el Corán poco a poco desde mi amplia ventana en el Ambassador con aire acondicionado. El mismérrimo coche que utilizaba Gandhi y sus ministros en 1952 y de producción nacional (gran orgullo dicho sea de paso).
Hoy día me encuentro en Mysore, pueblo/ciudad que alberga un castillo idéntico al de la antigua capital imperial y mis tardes se escapan entre bellos jardines de rosas y fuentes bailantes muy bien iluminadas. Siendo que la ciudad nunca fue parte del imperio en realidad, la fuerza del Maharaja me prende para enviarles más calurosos saludos y sonrisas!
Re: Crónicas de una longaniza
Atscado en la estacion de trenes
Segunda emisión
Re: Noticias del mas acá - sentado en un palacio
En Delhi la primera impresión no fue del todo buena. Hace calor, es polvorienta, me sentí llegando a mero Apatzingán, Michoacán sin mucho ánimo. Horas después se arregló un poco cuando pude banarme y dormir en una cama! Es definitivamente un lugar para enfrentar TODOS tus demonios, eso o te persiguen a la bien!
Primer día fue un poco caótico. No hay mucho que decir porque no entendí muy bien lo que pasó en sí. Horas después de lo planeado conseguimos un buen trato y pagamos un coche con chofer para transitar la ajetreada ciudad. Visitamos varios de los monumentos, mezquitas y templos, comimos deliciosamente y regresamos a descansar un poco. Todavía sigo durmiendo como piedra por eso de que cuando no es de noche aquí es de noche del otro lado del mundo, y yo de puntitas como Mafalda para no despertar a los de allá.
Hoy salimos temprano de Delhi y emprendimos el viaje a Jaipur, la ciudad rosa. En el medio del desierto apareció por la ventana derecha del coche un lago con un maravilloso palacio en el medio, como flotando, como de cuento. Del otro lado la entrada al fuerte que acapara todas las montañas. Hay elefantes y camellos cuidando la entrada. Siguen los negocios y sus locuras por calles atestadas de gente. Dirigimos al chofer hacia nuestro hotel por la noche. Es un maravilloso palacio (de adevis) en lo alto de una colina.
Firmamos el registro en donde era la corte del Marajá mientras tomábamos un vaso de jugo de mango de la charola de plata. El techo es de espejos convexos y entre cortinas, pinturas y pasadizos, llegamos a nuestro maravilloso cuarto! Hoy cenaremos en jardines flotantes entre espectáculos de marionetas y danzas prometedoras.
Mañana iremos al fuerte, andaremos en elefante y dormiremos en la torre más grande de la ciudad (pueblo). Luego nos vamos al sur a perseguir tigres, luego Agra (la de Aladino) y luego a Ganga en Varanasi, la madre río. De ahí volaremos al sur, a Bangalore, y la aventura continuará! Más noticias cuando el futuro, diario cambiante, se defina más!
Hartos saludos en el entretanto desde un maravilloso país lleno de sorpresas en cada esquina!